QUIEN NO VIVE PARA SERVIR… NO SIRVE PARA VIVIR

 

“Dios, de su gran variedad de dones espirituales, les ha dado un don a cada uno de ustedes. Úsenlos bien para servirse los unos a los otros.” 1 Pedro 4:10 (NTV)

¿Cual será tu contribución de vida para este mundo? ¿Vas a usar los talentos y habilidades con los que Dios te dotó, sólo para beneficio personal o también para beneficiar a alguien más?

La Biblia dice, Dios, de su gran variedad de dones espirituales, les ha dado un don a cada uno de ustedes. Úsenlos bien para servirse los unos a los otros” 1 Pedro 4:10 (NTV).

Dios te diseñó y creó para ser y hacer la diferencia en este mundo. Él te creó y equipo para hacer una contribución a este mundo. No fuiste puesto en esta tierra solo para ocupar un espacio, usar los recursos, jubilarte y morir. Dios te ha formado para que hagas una contribución única, para que al dejar este mundo, lo dejes mejor de cómo lo encontraste.

Lo que necesitas es preguntarte, “Partiendo en como Dios me ha creado, ¿Cuál es la más grande contribución que puedo hacer a este mundo? ¿Cómo puedo ser y hacer la diferencia?”

Un buen ejemplo en la Biblia, de alguien que ha puesto su vida a un lado para poder hacer una contribución, es la historia del samaritano. ¿Recuerdas la historia? Había un hombre que fue asaltado en el camino de Jerusalén a Jericó. Lo golpearon, le robaron sus pertenencias, y lo dieron por muerto a la orilla del camino. El primero que pasó caminando junto a él, fue un líder religioso, un sacerdote, quien era la persona encargada de ofrecer el sacrificio para la expiación del pecado del pueblo; y no hizo ni el espacio ni el tiempo en su vida para detenerse y atender al moribundo. Tenía prisa, mucha prisa y dijo: “No tengo tiempo de ayudar a este hombre”. Y siguió su camino.

Otro líder religioso, un levita, quien era más que experto en toooda la ley y los profetas, pasó más tarde por el mismo camino, y dijo: “Tengo mis propios problemas. Tengo mis propias metas y ambiciones. Estoy tan ocupado estudiando la ley. Y no quiero contaminarme al ser asociado con ese hombre ensangrentado; de ninguna manera”. Y pasó de largo, dejando agonizante al hombre herido.

Finalmente un tercer hombre pasó junto al camino, y él, si que tenía muchas razones para “hacerse el loco” y pasar de largo. Él era un samaritano, y los samaritanos y los judíos se odiaban mutuamente. Y sin embargo se detuvo. Puso al herido, quien era un completo extraño sobre su burro, lo llevó al meson más cercano, y le dijo al mesonero, “Aliméntalo, vístelo, cuídalo, y a mi regreso, yo te lo pagaré”.

¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo por un extraño? ¿Muy rara vez? ¿O tal vez nunca? ¿Por qué? Porque no tienes tiempo ni espacio en tu vida para ello. Pero este hombre sí lo hizo. Él se hizo del tiempo para ayudarlo. A pesar de su apretada agenda y programa de viaje, se detuvo a la mitad del camino para ayudar a alguien en necesidad, alguien a quien no conocía y “oficialmente” era su enemigo. Él dispuso de su propio dinero y fue capaz de comprometerse a pagar la deuda del “extraño enemigo”. Él tuvo la disposición y la energía. Él no estaba estrezado, y como resultado fue capaz de ayudar al que lo necesitaba urgentemente.

Dios te planeo, te creó y te equipo para hacer una contribución única. ¿Cuáles son las habilidades sin igual con las que Dios te bendijo? ¿Y cómo puedes hoy usar esos talentos para bendecir a otros?

Reflexiona sobre esto:

  • ¿En qué formas puedes construir un espacio de tiempo y forma en tu vida para que te puedas enfocar en ayudar a otras personas y no solo en ti?
 
 
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