¡PERDONA Y SE FELIZ!

 

“El amo sintió mucha lástima por él, y lo liberó y le perdonó la deuda.” (Mateo 18:27 NTV).

La Palabra de Dios nos indica la razón por la que debemos de soltar nuestro dolor y resentimiento, y dejarlo ir. Debemos deshacernos de ese destructivo sentimiento en vez de contemplarlo y acariciarlo.

Hay tres razones por las que nosotros debemos perdonar.

1.-  Porque Dios nos perdona. En Mateo 18 Jesús cuenta una historia de un rey que perdona a su sirviente. El versículo 27 dice, “El amo sintió mucha lástima por él, y lo liberó y le perdonó la deuda” (NTV). Así como el rey le canceló la deuda a su sirviente, Dios envió a Jesucristo a pagar tú deuda. Todas las cosas malas que hayas hecho en toda tu vida, ya han sido totalmente pagadas. Jesús tomó tu acusación, tu juicio y tu condena. El pagó tu sentencia de muerte. Tomó todas tus ofensas y pago por todos tus pecados. Jesucristo murió por todas tus faltas, errores, equivocación, malas decisiones y pecados. El Padre prefirió enviar a su Hijo a morir por ti, que vivir eternamente sin ti.

2.-  Porque el resentimiento es una auto-tortura. Es una herida que te haces a ti mismo, y cada vez que se empieza a cerrar, la vuelves a abrir, empezando a doler y sangrar de nuevo. Cuando estas resentido, te duele mucho más a ti que a la persona con la que estás resentido y amargado. De hecho, mientras sigues recordando y reviviendo lo que pasó hace años, ¡la otra persona ya lo ha olvidado en su totalidad! Tú pasado ya pasó, solo es historia, y ya no puede lastimarte más, a menos que te dediques a revivir y revivir el asunto.
3.-  Porque tú necesitas el perdón todos los días. La Biblia nos enseña con toda claridad que no podemos recibir lo que no estamos dispuestos a dar. ¿Quieres ser perdonado? La Biblia dice que entonces necesitas perdonar.  
El perdón es un estilo de vida. No es algo que haces una sola vez en tu vida. Lo necesitas todos los días de tu vida. Tú tienes que otorgar y pedir perdón. Debes aceptar el perdón de parte de Dios y de otros a quienes ofendiste. Y tú debes ofrecer perdón incondicional a quienes te ofendieron. El perdón debe ser continuo. Debe paladearse y disfrutarse. 

Recuerda muy bien que una cosa es el perdón, y otra cosa es la restauración. El perdón es un deber del ofendido, acorde a los principios de amor del Padre; la restauración de la relación, es la opción del ofensor, un arduo trabajo por hacer, sin garantía de lograr la restauración de la relación. 

Reflexiona sobre esto:

  • ¿Quién es la primera persona que viene a tu mente si te preguntaran sobre el dolor más grande en tu vida?
  • A la luz de lo que Dios ha hecho por ti y de Su perdón para ti, ¿a quién necesitas perdonar el día de hoy?
  • ¿Pasas un tiempo diario con Dios confesándote, platicándole y estudiando la Biblia? ¿Qué tienes que cambiar para hacer de esto tu prioridad?
 
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